Vamos por un café…
Entonces me vi,
con teléfono en mano, escribiendo un mensaje para poder decirte que me gustaría
compartir una mesa contigo, me preguntaba a qué podría invitarte, pues,
creo que a mí me gustaría que fuera una mesa con un vino, una pizza, una
Imperial Stout, un sushi o un café, qué
importa lo que sea; lo que esté encima de la mesa desde hace muchos siglos dejó de ser importante, el valor de “y si vamos por un
café” se esconde en la persona que invita y quien acepta la invitación, la persona
que está enfrente o al lado, por cierto, preferiría que fuera al lado, es más
fácil comer de tu plato o tomar de tu vino si te tengo al lado.
Precisamente de eso de trata todo, tenerte
enfrente o justo a mi lado, poder tenerte al alcance de la vista y el tacto,
dos platos para compartir, una mirada furtiva, que sé yo… esas pequeñas cosas
de las que siempre hablo que te roban una sonrisa. Como mirarte los ojos mientras no me ves pero
esperar a que me veas, viéndote y solo sonreír por no tener la menor idea de
qué decir, admirar la torpeza de mis
manos cuando te tengo cerca, esas pequeñas cosas que te dejan pensando en qué
tuvo que pasar, cuantas decisiones tuvieron que ser tomadas durante toda una
vida para poder llegar a este instante, hasta esta platica, hasta este consejo,
hasta tu compañía y tu sonrisa; bueno, creo que soy la única persona en este
planeta que se detiene a pensar en esas cosas. Hablando de pensar en cosas, en
el momento en el que pienso en invitarte a esa mesa, esta invitación tiene
mucho de mí e intentaré traducir todo lo que significa.
Y si vamos por
un café es haber tomado todo el valor que se escabulle por mis manos para poder
decirte que quiero estar a solas contigo en una mesa, me aterra, pero que lindo
se siente hacer las cosas que quieres por encima del miedo, aunque si puede ser
una mesa de muchas personas, no le quita lo hermoso a tenerte cerca, pero me
gustaría que te sentaras justo a mi lado, para poder hablar de ti, de tus
sueños, de tus miedos, de tus gustos, de tus gestos, de tus fotografías, de tus
alegrías, tus fracasos y tus enojos, de tus viajes, de aviones perdidos y los
libros que has leído, de atardeceres y amaneceres, de fogatas y guitarras, de
canciones y cervezas, de platillos extraños y una que otra receta de
cocina. Para poder darte una copia de la
llave de mis letras, para poder decirte que el no conocerte te hace el
recipiente perfecto de toda mi confianza, de decirte que creo en las amistades
a primera cerveza, a primer vino, a primer carcajada, que creo en esas personas
que sin querer llegaron y que si existe un pequeño esfuerzo de ambos, estarán
en tu vida por muchos años, que tú eres una de
las pocas personas mitológicamente
maravillosas que Dios le ha regalado a este su hijo consentido, para poder
compartir este camino llamado día a día.
Que estoy seguro que tendrás un millón de historias que contar y eso me
garantiza tener al menos un millón de historias que escuchar o leer. Que vamos, será interesante llegar a
conocerte hasta entenderte con una mirada.
Y si vamos por
un café… es la frase para acceder al tiempo específico que se aparta de una
vida un poco revuelta, para poder platicar, para poder volver a verte, para
poder darte un abrazo, para verte llegar y ver tu cabello, tu sonrisa; es invertir
un poco de mí para saber un poco más de ti, es dejar de hacer ciertas cosas con
el resto del universo para ponerte atención solamente a ti, es recibir o dar
una palabra de aliento o simplemente estar, fabricando uno de esos silencios
que unido a un abrazo y con cierta confabulación del cielo puede reparar
corazones. Poder dejar la rutina para
volvernos un refugio uno del otro. Un refugio establecido en una mesa, un lugar
tan sagrado que es probable que puedas saber sin mascaras que hay en un
corazón, en una nota, en una canción o en una lagrima que muera en una
servilleta, en fin, creo esto tiene todo que ver con compartir un espacio tiempo
contigo más que con el café en sí.
Entonces… ¿vamos
por un café?
HM
HM
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